HORA DE DECIDIR:¿ DUDAS O CERTEZAS?

Por Luis Fernando Cavero Barra

 

El 10 de abril pasado tuvimos el privilegio de poder elegir quién ha de ser nuestro presidente durante el quinquenio 2016-2021. Lo hicimos en un ambiente de relativa libertad y calma, sin mayores inconvenientes que los que normalmente suceden en cualquier país civilizado de nuestros días.

Como era previsible, no hubo un ganador (es decir nadie alcanzó más del 50% de los votos válidos) y quedaron dos aspirantes de los diez que habían quedado. Como todos sabemos, o Keiko Fujimori o Pedro Pablo Kuczynski ha de ser nuestro próximo presidente. Uno de los dos será el responsable de guiar nuestra nación y tendrá la gran responsabilidad de influir, quizá de manera decisiva, en nuestras vidas. Durante cinco años.

Como escribí en febrero para esta revista, creo que ninguno de estos dos aspirantes (así como los otros que eran parte del “elenco estable”) merece ser presidente de nuestro país y que teníamos en el menú de candidatos mejores opciones. Pero la mayoría de mis compatriotas pensó, por diversas razones, que no era así. Los resultados oficiales (los más relevantes en mi opinión) fueron los siguientes:

Keiko Fujimori:Votos emitidos (%): 32.64Votos válidos (%): 38.86

Pedro Pablo Kuczynski:Votos emitidos (%): 17.23Votos válidos (%): 21.05

Verónica Mendoza:Votos emitidos (%): 15.35Votos válidos (%): 18.74

Alfredo Barnechea:Votos emitidos (%):  5.71Votos válidos (%):   8.97

Alan García:  Votos emitidos (%):  4.77Votos válidos (%):  5.83

Votos en blanco:Votos emitidos (%): 11.88

Votos nulos:Votos emitidos (%):  6.24

Electores hábiles para votar:22’901,954

Ciudadanos que votaron:18’734,130

Es decir, según las cifras de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), del total de electores hábiles, poco más de 4 millones desistieron de votar. Ellos representan el 18.2% de los ciudadanos hábiles. Lo cual no es poca cosa.

DOS CAMPAÑAS DISTINTAS 

Desde aquel 10 de abril, ambos aspirantes, Fujimori y Kuczynski, han hecho los mayores esfuerzos posibles por convencernos y arrancar nuestro voto. Aunque, claro, PPK creó dudas acerca de su real interés en ceñirse la banda presidencial pues su campaña no ha sido tan intensa (incluso desperdició los primeros 8 días) ni inteligente como la de Keiko, quien en todo momento ha exhibido un envidiable entusiasmo y mucha claridad en sus mensajes. No hay duda, el poder seduce más a la candidata que al candidato. Como diría el suegro del presidente Humala: Keiko desea emborracharse de poder.

Las campañas de ambos, en esta segunda vuelta, han sido diferentes. Keiko buscó desde el 11 de abril acercarse a la población de menores recursos y menor formación educativa. Los sectores socioeconómicos menos pudientes y con menos recursos para el análisis político (por escasez de tiempo y educación o simplemente falta de interés) fueron objeto de un intenso accionar del fujimorismo. El mensaje era sencillo: Keiko representa lo mejor de su padre (y nada de lo peor) y ella garantiza que usará la fuerza para gobernar. En realidad, ya en la primera vuelta el eje de su campaña residía en destacar que ella tiene “fuerza” (sin decir exactamente para qué), y en aturdir a quienes acudían a sus mítines, muchas veces destacados por los medios, con espectáculos propios de una gran fiesta pero sin propuestas que no sean promesas generales o gaseosas. La pirotecnia, los regalos, la música (con estribillos pegajosos pero sin contenido: ¡Vamos, vamos Keiko, que hasta presidenta no paramos, no paramos!), la larga campaña de más de cinco años por todo el país, y su bien manejada identificación de ella con los logros de su padre, le dieron excelentes resultados. Una votación abrumadora con gran ventaja sobre PPK y 73 congresistas electos hicieron suponer que ya teníamos un ganador.

Sin embargo, en esta segunda vuelta hemos visto el fustán de Keiko, la naturaleza oculta del fujimorismo. Cecilia Chacón, Héctor Becerril, Kenji Fujimori y otras figuras menos importantes del fujimorismo mostraron un rostro autoritario y caudillista, que empezó a ser preocupante.

Posteriormente, las revelaciones acerca del Secretario General de Fuerza Popular y hombre fuerte de sus finanzas, Joaquín Ramírez, investigado por presunto lavado de activos y vínculos con el narcotráfico; así como el burdo y turbio, por decir lo menos, intento por desacreditar estas revelaciones, por parte de José Chlimper, candidato a vicepresidente de Keiko, han reforzado, justificadamente, el temor a elegir a Keiko Fujimori.

En cuanto a Pedro Pablo, su campaña, al menos en esta segunda vuelta, ha sido desastrosa. Ya lo era antes pero en vez de aprovechar esta segunda oportunidad para corregir errores, simplemente los acentuó. La percepción que ha dejado es la de un señor a quien la edad ya le pesa y que no será capaz de enfrentar con decisión y energía los problemas que todo presidente ha de enfrentar en su gestión. En otras palabras, le hizo el gran favor a su contendiente Keiko: destacar, por contraste, su juventud y decisión-fuerza para gobernar. Además, su campaña no tuvo un eje central. A pesar de tener mayor experiencia profesional, probada capacidad de gestión y mucho contacto con importantes personajes y empresas del mundo financiero (lo que pudo traducir en una gran capacidad para atraer inversiones y crear más fuentes de trabajo en el país), lo que más se recuerda de su campaña fue el ya viejo estribillo del ¡sube, sube PPK!, la presencia del PPKuy (matrimonio mediante) y los grotescos bailes que causaban hilaridad pero devaluaban su imagen de profesional serio y capaz. ¿El resultado? A pocos días del domingo 5 de junio, la candidata es la gran favorita.

TODO ES POSIBLE: ESTAMOS EN EL PERÚ 

Pero, en el Perú, dicen los entendidos, nunca se sabe… Los debates han hecho su trabajo. Mostraron a una candidata muy impostada, nada auténtica, agresiva (como queriendo enfatizar que tiene fuerza, mucha fuerza), y, sobre todo, nada precisa para deslindar con la corrupción. Aunque muchas veces señaló que a ella no le temblará la mano para enfrentar la corrupción y la delincuencia, no fue fuerte para desmarcarse de sus colaboradores Ramírez y Chlimper (a quienes incluso defendió), ni para afirmar que luchará por extraditar a sus parientes acusados de apoderarse de grandes cantidades de dinero. En resumen, ha creado temores y muchas dudas acerca de la veracidad de sus palabras.

Pedro Pablo, en cambio, si bien empezó mal, pudo recuperarse en el segundo debate y puso en aprietos a su contendiente, quien solo se aferró al guión que tan buenos resultados le dio en el primer debate demostrando así sus límites y falta de espontaneidad. PPK se mostró más conocedor de los diversos temas que se trataron y lo más importante: transmitió confianza en que el caudillismo, el autoritarismo y las dudosas o malas compañías no son parte de su forma de ser. Sin embargo, ¿le alcanzará para ganar? Una vez más: los entendidos dicen que en el Perú nunca se sabe… Todo es posible.

UNA IMPORTANTE DECISIÓN 

Este domingo 5 de junio nos tocará decidir. Quienes pensamos que la democracia no es perfecta, pero es el mejor sistema conocido hasta hoy para gobernarnos; quienes sostenemos que la libertad y el respeto a la ley y a los derechos inherentes al ser humano son fundamentales para la convivencia civilizada; quienes creemos que la corrupción y el dinero mal habido o que proviene del crimen organizado no deben tolerarse en ningún país, más si tiene aún muchas carencias; tenemos el deber de decidir bien nuestro voto, de elegir sin derecho a equivocarnos.

Desafortunadamente para la candidata, estas últimas semanas ella misma ha creado muchas dudas para el cargo al que aspira. No solo no tiene experiencia (¡nunca ha trabajado!) sino que parece ser complaciente con la corrupción y que aspira a abusar del poder. Nos ha recordado lo que fue el gobierno de su padre: abuso, desdén por la ley, corrupción, sensualidad por el poder, y sobre todo un ilimitado deseo por apoderase de la mayor cantidad de dinero posible. Sí, ella podrá representar la fuerza pero no la fuerza de la ley y el respeto. Creer, como muchos, que sólo con fuerza se derrotará a la delincuencia, es una ilusión. En México ya saben lo que sucede… Si esa es la principal oferta de Keiko, está muy equivocada.

Sin embargo, ojalá los peruanos no nos equivoquemos. Las cifras de la ONPE, que mostré al empezar este artículo, felizmente nos dicen que nada está dicho, que todo es posible. Que aún hay muchos electores que pueden hacer que la favorita de las encuestas solo consiga eso: ser favorita pero no ganar. Ya sucedió una vez…

No puedo ser indiferente, ninguna de las opciones de este domingo me parecen las más convenientes para dirigir nuestro país, para construir nuestro futuro. Pero hay una que me recuerda lo que sucedió durante la última década del siglo pasado. La memoria, afortunadamente, aún está fresca. Por ello, creo que se debe votar por PPK.

Tal vez PPK no sea un gran presidente, y si ganara seguramente la tendrá muy complicada, pero si comparamos sus cualidades personales y profesionales con las de Keiko, lleva una gran ventaja a la ex primera dama de Alberto Fujimori. Tengamos presente, además, que en los años que vienen, donde nuestro país tendrá serios problemas económicos, necesitaremos un profesional competente como él para salir adelante, para no hundirnos en la improvisación, el desconcierto, ni el desorden económicos. Que sea un profesional y tecnócrata solvente para poder tratar de tú a tú a sus asesores y consejeros y no dejar que le den gato por liebre, que le vendan sebo de culebra.

Pero lo más importante es que en estos momentos, él representa la continuidad de la democracia que a fines del 2000 recuperamos los peruanos, y la esperanza de que al menos los niveles de corrupción y deshonestidad no se incrementarán. En cambio Keiko representa al fujimorismo, aquel que tolera y alienta la deshonestidad y el autoritarismo, aquel que no se compromete con la democracia, aquel que cree que el fin justifica los medios, que no reconoce crímenes graves , que solo admite errores, lamentablemente.

Keiko nos trae muchas dudas, demasiadas… PPK, en cambio, nos trae más certezas.  

Decidamos bien este domingo 5 de junio. Nuestro futuro depende de nosotros (aún).

Autor: Luis Fernando Cavero Barra

Revista FREYJA

Junio 2015

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