LA COHERENCIA COMO FORMA DE VIDA: PRACTICAR LO QUE SE PREDICA

La mayoría de los filósofos de la antigüedad eran buscadores de sabiduría, experimentadores dispuestos a jugarse por las ideas que defendían. Para ellos la coherencia pesaba más que la originalidad y por eso sus planteamientos iban más allá del mero discurso y se plasmaban en un modo de vida afín a sus pensamientos. Los antiguos además de hablar hacían lo que decían: “No me digas qué es la sabiduría, no me hables de cómo vivir bien: ¡muéstramelo!”.

 

¿Qué significa coherencia?

Es la relación lógica entre dos cosas, o entre las partes o elementos de algo, de modo que no se produce contradicción ni oposición.

 

La coherencia del Yo

Quiere decir pensar, sentir y actuar para un mismo lado, bajo una misma dirección. En la antigüedad los sabios hacían una elección de vida razonada, sabían “qué estaban haciendo y por qué lo estaban haciendo”

 

Practicar lo que se predica (si el fin es noble) genera la admiración de las personas en casi todas las culturas, porque las personas con una manera de ser congruente inspiran confianza, respeto y nos producen fascinación.

 

Cómo hacemos para lograr coherencia en nuestra vida

Si nos comprometemos con todo nuestro ser a participar en lo que hacemos, cada parte actuará mancomunadamente con la otra haciendo que se produzca una reacción en cadena, una expansión de la conciencia; a este proceso lo denominamos “entusiasmo” que en la percepción griega significa sentir la fuerza de Dios en el pecho. Quizás no tengamos la certeza de ganar, pero sí la convicción profunda de que llegaremos hasta el final, pase lo que pase.

 

El filósofo Diógenes vivía sorprendido de las contradicciones que algunos mostraban entre el decir y el hacer:

 

“Por ejemplo: de los gramáticos, que escuchaban los trabajos literarios de otros y no hacían lo mismo con los propios, de los músicos, que afinaban las cuerdas de la lira y tenían desafinadas las del alma; de los matemáticos, porque mirando el sol y la luna no veían lo que tenían bajo sus pies; de los oradores, porque decían preocuparse por lo justo y no lo practicaban jamás; de los avaros, quienes reprochaban el dinero y lo adoraban a más no poder”.

 

Fuente: “El camino de los sabios”

Autor: Walter Riso

 

 

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