LOS FUNDAMENTOS BIOLÓGICOS DE LA POESÍA

Autor: Teobaldo Llosa Rojas

La ciencia del cerebro le va dando forma y evidencia a las bases biológicas de la producción poética, ya que algunas universidades estudian la creación poética como acto terapéutico y fuente investigación para identificar los sustratos anatómicos y bioquímicos de la actividad poética, y lo demuestran a través de imágenes cerebrales con escáner mostrando que cuando el poeta se encuentra en producción poética se activa el hemisferio derecho del cerebro donde se almacenan los recuerdos autobiográficos. “La poesía no se trata solo de una cuestión de estilo, sino de experiencias profundas que aportan elementos emocionales y biográficos al proceso cognitivo” explica el profesor Philip Davis, uno de los investigadores del estudio de la Universidad de Liverpool. Es decir, ahora a través de equipos que captan imágenes cerebrales se puede identificar y visualizar las zonas encefálicas que se activan cuando el sujeto está elaborando una poesía. De esta forma podemos descubrir qué regiones y circuitos intervienen en ese instante de inspiración.

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Escribir poesía es un acto biológico de intimidad que remueve olas zonas anónimas e inalcanzables del poeta, aquellas estructuras bioquímicas que muchas veces ni el propio escritor es capaz de penetrar y conocer, porque son precisamente meras estructuras bioquímicas que existen y funcionan en áreas no conscientes y en profundidades donde ni el psicoanálisis puede asegurar su ingreso.

Se conoce como neurobiología y comprende receptores, sinapsis y espacios inter-neuronales donde actúan los neurotransmisores y hormonas como la serotonina, el gaba y la dopamina, entre otros muchos, tal vez algunos relacionados preferentemente con la producción poética como la oxitocina. Es la base biológica de la producción poética, de la inspiración, del simbolismo, de las metáforas  y de las emociones, piezas fundamentales de la literatura.

Recordemos que la literatura no es sinónimo de poesía, ni gramática es sinónimo de literatura. La gramática no es arte; la literatura y la poesía son el lenguaje hecho arte; así mismo no toda literatura es poesía ni toda poesía es literatura. La poesía es una modalidad del lenguaje que se hace arte y que trasciéndela literatura, pasando previa y simultáneamente por la gramática, pero no exclusivamente, ya que algunas utilizan las palabras para formar figuras concretas en el papel, porque el poeta es incapaz de expresarse mediante la escritura y necesita un espacio físico para representarlo. Como en la poesía concreta de Toro Montalvo.

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En la literatura la gramática  está subordinada a reglas y normas establecidas que conforman el lenguaje y que surgieron de los lenguajes primitivos, muchos de ellos derivados de los olores ambientales a través del rincéfalo o cerebro olfativo primitivo.

Posiblemente son las raíces biológicas de la poesía gestual, sin palabras pero con gruñidos y expresiones faciales de emociones muy impregnadas de instintos sexuales. Quizás así también surgió el erotismo gatillado por la testosterona y la oxitocina más allá del simple sexo reproductivo y tal vez los celos por el sentimiento de la posesión  del otro a través de gestos guturales que aún no habían evolucionado hacia la región Broca del lenguaje complejo cerebral. Posteriormente se relacionó con el cerebro emocional, desarrollado en las vías y estructuras del sistema límbico y las amígdalas de los lóbulos temporales del encéfalo, bases físicas de la producción y transmisión de los neurotransmisores. Cuando estos se alteran por alguna causa llevan al poeta al bradipsiquismo depresivo en el que ya no produce ni piensa nada, ni siquiera en el suicidio, o la hiperactividad y elación maniaca, en la que la persona puede llenar decenas de hojas con versos ligeros muchas veces hiperbólicos, con descripciones coloridas y fantasiosas, disparadas por hipermetabolismo serotoninérgico, adrenalítico o dopaminérgico.

Sin embargo el auténtico acto poético es específico y compacto como una fotografía que evidencia un determinado y limitadísimo instante, porque la poesía es lo más “preciso” del momento mismo de la vivencia que puede captar el lenguaje: es una vivencia vertical antes que horizontal.

¿Qué compulsa tal bioquímica que se plasma en formas poéticas, muchas veces siguiendo las formas literarias, pero que algunas veces son solo presentaciones gramaticales fragmentadas o palabras y expresiones formalmente incorrectas; y otras como neologismos, frases incompletas, metonimias, sinécdoques o frases desarticuladas, sin dejar por ello de configurar un producto poético? Estas manifestaciones endógenas son autogeneradas por las estructuras biológicas relacionadas con la memoria emocional cuya estructura básica se asienta en la amígdala cerebral y en el hipocampo, que en muchos aspectos encajan con el concepto  freudiano de “proceso primario” del pensamiento.

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El poeta no puede escaparse a su biología humana y por eso es imprescindible que los críticos la tomen en consideración al igual que lo ha hecho el psicoanálisis hurgando en el subconsciente los verdaderos motivos propulsores de la poesía. Sabiamente, Sigmund Freud usó el método de las asociaciones libres y Sacks proyectivamente las frases incompletas para conocer el inconsciente a través de la expresión espontánea, forma en que generalmente se genera el verdadero impulso y producto poético. Sin embargo, la moderna neurofisiología ha demostrado que hay regiones en que no se puede penetrar porque se trata exclusivamente de estructuras químicas biológica que no se rigen obligatoriamente por las leyes del intelecto de la corteza cerebral y que se hacen manifiestas a través  de las estructuras emocionales no conscientes, evitando muchas veces las vías regulares del juicio, la lógica y la razón; por esas vías de urgencia se filtran y acompañan a las emociones y estímulos y pulsiones instintivas pre-gramaticales y proto-literarias, manifestadas hacia los medios de expresión bajo la forma de palabras, gestos, signos, interjecciones y múltiples variantes de la expresión oral o escrita, que en algún momento pueden sentirse como insulsas, inadecuadas, desarticuladas, fuga de ideas, incongruentes, absurdas y que solo nos damos cuenta su existencia cuando ya están escritas en el papel.

Muchas veces ni el propio poeta entiende lo que ha escrito, ni porque ha escrito, ni  dicha frase o colocando tal o cual palabra, sorprendiéndose cuando la lee o relee, con una reacción alexitímica.

Entendamos que la verdadera poesía no es un producto volitivo sino una descarga de la intimidad que se manifiesta como “inspiración”. La verdadera poesía es involuntariaporque la voluntad no tiene contenido, es puro acto, como la describe el psiquiatra Kurt Schneider. Podríamos anexar aquí perfectamente las declaraciones de Jorge Eduardo Eielson hechas en 1981ª la revista Hueso Húmero: Se ha identificado a la poesía con el olenguaje, pero su verdadera esencia está en lo inefable, en lo indecible.

Para explicar y comprender con mayor conocimiento qué estructuras biológicas (anatómicas, fisiológicas, emocionales, instintivas y bioquímicas) intervienen en la producción poética, deberemos considerar que, la concepción  verbal de la poesía proviene del hemisferio cerebral izquierdo; las palabras específicas, del lóbulo temporal derecho; los sentimientos que inspiran la poesía, del sistema límbico; y la capacidad de escribir, del área de Broca. Las funciones complejas (como escribir una poesía de amor) requieren la activación de múltiples áreas cerebrales pues no hay un “centro” específico para escribir poesías amorosas.

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Aproximación a la biología poética de Vallejo

Hace muchos años escribí en  El Comercio (El anonimato de César Vallejo, página editorial, Lima 20/4/1987), y posteriormente en el Dominical. El Comercio (La Poesía bajo la lupa Científica, 20/4/2014), que la poesía es Libertad y Arte y gracias a ella se margina de las reglas de la gramática y de la ortografía que asfixian la literatura, que no llegan a modificarla estructura genética y neuronal del poeta.

En septiembre del 2014 visité a César Vallejo en el cementerio de Montparnasse de París (Avenida del este, cuadra 12, tombe 67). El epitafio escrito por Georgette que está grabado al pie, He nevado tanto, para que descanses, es emocionante y traduce más el estado de ánimo e ella que el de su esposo, pues muchos amantes y críticos de sus poemas lo consideran fundamentalmente un deprimido, sin darse cuenta que de serlo, su depresión hubiese sido tan profunda que simplemente se hubiese inhibido de escribir y posiblemente se hubiese suicidado. Esto nos acerca más a la adrenalina, al cortisol y a la oxitocina que a la deficiencia de serotonina; en todo caso una combinación química productora de angustia existencial. Vallejo era fundamentalmente angustiado y eso nos hace pensar en su tálamo y sistema límbico hiper-estimulados.

Cuántos poetas habrán quebrado su pluma atentando contra su estructura bioquímica por aplicar reglas gramaticales a un arte que está más allá de la literatura, de la gramática y hasta de la ortografía. Si fuese necesario que para escribir poesía  hay que someterse estrictamente a la gramática y a la ortografía, los lingüistas, los críticos literarios y los premios Nobel de literatura serían los mejores poetas, y es conocido que muy pocos lo son.

DOPAMINA AMOR

César Vallejo rompió reglas vigentes y por ello logró una resaca lírica llena de generaciones espontáneas nunca antes escritas ni escuchadas.

Quien se atrevería a descalificarlo cuando en su poemario España Aparta de mí este Cáliz, escribió: ¡Viban los compañeros! Pedro Rojas… ¡Abisa a todos los compañeros pronto!, así, con “b”. Posiblemente la “v” le quedaba muy chica e insuficiente para expresar su mensaje emocional. Quizás en este instante ocurrió un caos en la transmisión neuronal del área de Broca, tal vez…

Algún día, a través de la arqueología biológica, podremos identificar qué neurotransmisores intervinieron en los impulsos cerebrales de Vallejo y cuáles fueron los estímulos andinos y parisinos que actuaron sobre esos  receptores en las sinapsis neuronales y entender como influyó en el hecho de que naciera un día en que Dios estuvo enfermo. Pero ahora la ciencia está aproximándose a descubrir cómo las sustancias químicas cerebrales se transforman en inspiración y arte poética.

 Autor: Teobaldo Llosa Rojas:

Es Poeta Narrador y psiquiatra graduado en la Universidad Nacional Mayor de San marcos, con grado de doctor obtenido en la Universidad del Brasil.

REVISTA FREYJA JUNIO 2017

 

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